miércoles, 15 de julio de 2009

La Inquisición (IV). El proceso inquisitorial y el Auto de Fe

Los inquisidores se desplazaban por su distrito jurisdiccional invitando a la autodenuncia en un plazo determinado llamado "Tiempo de Gracia". Pasado dicho plazo comenzaban los procesos partiendo de las delaciones, el esquema más o menos era el siguiente:

Alguien formulaba una delación, una vez recibida pasaba a ser estudiada por los asesores del Tribunal, llamados Calificadores. La calificaban determinando cual era el parentesco herético que cabía establecer entre el dicho o hecho denunciado y la clasificación de herejías establecido

Si había materia de delito de herejía, los Inquisidores dictaban Auto de Prisión, el cual era ejecutado por el Alguacil del Tribunal acompañado del Notario de Secuestros (curioso nombre).

Se procedía a la inmediata confiscación de los bienes del reo que pudieran ser habidos, con el fin de que sirvieran para su sustento durante la conducción y estancia posterior en la cárcel. En caso de ser pobre tales gastos corría a cuenta del Fisco del Santo Oficio.

Al llegar a la Cárcel Secreta (se llamaba así a la prisión de los inculpados por el Santo Oficio, aunque creo que todo el mundo sabría donde localizarlas) el reo era encomendado al Alcaide.

Al poco tiempo se tenía la primera Audiencia donde se comenzaba a instruir el sumario, mediante un minucioso interrogatorio acerca de cuestiones personales y familiares.

Amonestado por tres veces consecutivas para que dijese la verdad el Fiscal presentaba su escrito de acusaciones, es decir, hasta ese momento el preso desconocía de que se le acusaba. Y era en este momento cuando el acusado recibía la asistencia de un letrado de oficio, dándosele a conocer los testimonios anónimos que le acusaban.

Respondía el reo a las acusaciones y finalmente procurador y fiscal concluían con los alegatos en pro y en contra del acusado.

Deliberaba después el tribunal y de dicha sesión salía o bien la sentencia de que el reo fuera puesto a "cuestión de tormento" para aseverar sus declaraciones, o bien el esbozo de sentencia, si la inocencia quedaba probada se le absolvía, si confesaba, se le admitía a reconciliación y se le imponía una penitencia. Pero si no quedaba probada ni una cosa ni la otra sobrevenía la sentencia de tormento, la cual consistía normalmente en el procedimiento del Potro, aunque en los primeros tiempos se aplicaba también la polea o la garrucha.

El reo que salía de la cárcel absuelto o penitenciado debía prestar juramento de guardar secreto absoluto acerca de todo lo que hubiese sucedido en el proceso y en la cárcel secreta.

Aquellos que por la gravedad de sus delitos o por obstinación herética lo requerían eran exhibidos en el Auto de Fe y puestos en manos de la autoridad civil.

El Auto de Fe era sin duda el acto más espectacular de la Inquisición, era una ceremonia pensada para demostrar a todo el mundo la victoria institucional de la verdad sobre el error, se nutrió de la gran teatralidad con que la liturgia católica se adornó tras el Concilio de Trento.

Para el Auto de Fe se distribuían las "Relaciones", que eran una especie de gacetillas donde se informaba al país de la fama de los reos y sus delitos.

El Auto de Fe se dividía en 3 actos misa, predicación y lectura de las sentencias. Por último los condenados a muerte eran conducidos por las justicias civiles para ser quemados, vivos si se obstinaban en su herejía, previamente agarrotados si abjuraban debidamente de ella, el lugar donde se ejecutaban las sentencias se localizaba en el exterior de las ciudades y tenía el evocador nombre de Quemadero. Se puede afirmar con rigor que la pena de muerte, al contrario de lo que pueda parecer no fue la mayoritaria y, dentro de estos, los ajusticiados vivos fueron minoría, las penas más ordinarias que salían de estos Autos de Fe solían ser multas, azotes en público, remar en las galeras, o llevar un sambenito. El término sambenito, viene del nombre de dicho ropaje que solía consistir en un hábito llamado saccus benedictus, esto es saco bendecido, y se vestían durante el Auto de Fe y durante la serie de años que marcara su sentencia como afrenta pública e identificación de mal cristiano.

martes, 7 de julio de 2009

La Inquisición (III). La Inquisición Española

La historia medieval española está marcada por la óptica de la civilización cristiana vencedora sobre el Islam tras ocho siglos de confrontación.

Los objetivos de los reinos cristianos de la península se habían ido diferenciando al pasar de los siglos. Así Castilla y León se había centrado en el avance territorial a expensas de los reinos musulmanes y la Corona Catalano-Aragonesa en la expansión mediterránea. Finalmente estos caminos terminan por cruzarse con la unión dinástica de los Reyes Católicos.

La nueva realidad hacía que las antiguas instituciones de los reinos no sirvieran para el nuevo estado, por lo que la nueva monarquía unificada reclamaba la elaboración de un nuevo proyecto político.

La necesidad que sobresalía del resto era crear un entramado ideológico capaz de vertebrar y dar sentido al esfuerzo de la unión. En pro de este esfuerzo una vez dominada la nobleza y sometidas las órdenes militares a la tutela real solo quedaba reformar el clero, se controló estrechamente el nombramiento de obispos y se adoptaría un decidido compromiso con la catolicidad. Para reforzar todo este programa, solo quedaba un fleco suelto, los gobiernos municipales en los que los judeo-conversos contaban con grandes influencias por todo ello surgió una institución capaz de sostener sin fisuras la unidad de los españoles, unidad basada por los reyes en el catolicismo, y así el Tribunal de la Inquisición se hizo sitio en nuestra historia por espacio de más de tres siglos.

A pesar de su instauración por los Reyes Católicos, no será hasta la muerte de Fernando el Católico cuando el tribunal del Santo Oficio se consolide, ya que si bien en un principio focalizó su acción en la vigilancia de conversos, la situación política creada en Europa por la reforma protestante hizo que la Inquisición se convirtiera en una herramienta de la contrarreforma. La actuación de la Inquisición española sobre la reforma apenas afectó a personas, al contrario de lo que ocurría con los conversos, ya que el surgimiento de grupos protestantes dentro de España fue algo casi anecdótico, si que se aplicó en la censura de las obras publicadas y de su difusión, de tal forma que su actuación estaba encaminada a evitar la entrada de ideas renovadoras en España a la vez que contribuía considerablemente a la creación de opinión.

La inquisición en esta época, siglos XVI y XVII fue uno de los argumentos principales esgrimidos para la formulación de la Leyenda Negra, argumentos parciales y sesgados ya que estos abanderados de la lucha antiinquisitorial olvidaron mentar que los católicos en sus países eran represaliados (tortura y ejecuciones incluidas) sin proceso legal ni derecho a defensa (cosa que el Santo Oficio español si contemplaba). Otro punto muy ignorado es que la Inquisición solo tenía jurisdicción sobre los bautizados por lo que nunca inició un proceso contra un judío o un musulmán. Otro argumento contra la acusación de antisemitismo, comparado con el resto de Europa, es que en España en el siglo XVI se expulsó a los judíos que no se convirtieron, opción que no les dieron en Inglaterra en 1290 o en Francia en 1306, es más esta "tolerancia" hizo que desde la Alemania protestante se nos tildase de "marranos" y también desde Alemania se quedaban atónitos al ver como los españoles mezclaban su sangre con mujeres americanas, esto es, indígenas, mulatas, mestizas, etc... todos sabemos en que terminó esta obsesión germana por la pureza de la sangre. Otro mito es la quema de brujas, algo que no dejó de ser puntual en nuestro país y los procesos por brujería fueron muy pocos, algo que no ocurrió en los países protestantes o en Norteamérica donde los procesos por brujería eran iniciados por los magistrados civiles, macroprocesos como los de las Brujas de Salem no se dieron en nuestro país.

Como nada es eterno, la Inquisición en España con el paso del tiempo fue perdiendo importancia y los objetivos por los que fue creada poco a poco se fueron superando, y fue la entrada de la dinastía borbónica la que supuso el principio del fin de esta institución. La nueva dinastía traía un nuevo proyecto de estado y el ambiente e ideas de la Ilustración no eran propicios para el Tribunal del Santo Oficio, además era una institución que había alcanzado un gran poder, algo que a ningún rey absoluto, por muy ilustrado que sea, le gusta.

Los últimos coletazos de este poder, el último intento de la Inquisición por dar un puñetazo encima de la mesa fueron los procesos contra Macanaz y Olavide. Si bien con el primero la monarquía no se involucró demasiado, en el caso del segundo cuyo delito consistía en haber leído obras prohibidas, la instrucción del caso constató que altos cargos de la corte también habían incurrido en tales faltas y claro una cosa era Pablo de Olavide y otra Aranda, Campomanes y Floridablanca por lo que el tribunal se desentendió silenciosamente del caso, a pesar de esto el proceso supuso el fin de la carrera pública de Olavide.
Poco a poco el poder inquisitorial fue mermando, solo tuvo cierto repunte en su papel de censor para evitar la entrada de nuevas ideas durante la revolución Francesa.

No obstante la primera abolición de la Inquisición, se la debemos a un extranjero ya que fue firmada por Napoleón en el decreto de Chamartín el 4 de diciembre de 1808, posteriormente en 1813 las Cortes de Cádiz ratificaron la incompatibilidad del nuevo régimen con dicha institución, aunque Fernando VII la restituyó en 1814, la revolución de 1820 obligó al rey a una nueva supresión del Santo Oficio que volvió a instaurarse tras el trienio liberal, finalmente el finiquito de la Inquisición vino por decreto de la regencia de María Cristina a la muerte de Fernando VII en 1834.

viernes, 3 de julio de 2009

La Inquisición (II). La Inquisición Medieval

La amplia difusión popular de la herejía durante el siglo XII, reclamó la puesta en marcha de un sistema de respuesta capaz de perseguir la disidencia con mayor eficacia.

Las primeras disidencias contra la organización feudal de la Iglesia fueron contestadas en el Concilio de Verona de 1184, donde se decidió intensificar la vigilancia sobre los herejes, aplicando además un sistema procesal diferente al seguido por los tribunales episcopales hasta entonces. En adelante no haría falta una denuncia concreta contra alguien para iniciar el procedimiento penal, bastaría con que hasta los oídos del obispo hubiera llegado alguna noticia relativa a la existencia de herejes en un determinado lugar, para que fueran a él sus representantes a hacer "inquisición". La Iglesia iniciaba un esfuerzo de autodefensa que tardaría varios siglos en remitir. Los señores temporales deberían prestar su ayuda a tales pesquisidores y así mismo ejecutarían las sentencias pronunciadas en los juicios contra los que se demostrase haber incurrido en herejía.

Fue Gregorio IX quien promulgó una legislación unitaria para toda la Iglesia en este tema, tal cual se recoge en las Decretales, en donde se responsabilizaba a las órdenes mendicantes de su aplicación en materia de heterodóxia.
Es cuando empiezan a aparecer los "manuales de inquisidores", recopilaciones y comentarios de la legislación pontificia en esta materia, destacando el manual del catalán Nicolás Eymeric.

El Santo Oficio se estableció primeramente en el Mediodía de Francia y de ahí se extendió hacia el oeste, quedando fuera las Islas Británicas, Escandinavia, Castilla y Portugal, los métodos de este tribunal eran en resumen los siguientes:
  • Independencia de los obispos
  • Secreto y anonimato de los procesos
  • Utilización de la tortura para validar los testimonios, algo que por otro lado no era exclusivo en la época de los tribunales eclesiásticos, ya que también era utilizada por la administración civil.

Los dominicos fueron los primeros en ser llamados para actuar como inquisidores, siendo llamados los "Perros de Dios" gracias a un juego de palabras con su nombre "dominicus" se derivó a "Dóminus canis", después se les añadieron como inquisidores los franciscanos y para evitar confrontaciones entre ellos se dividió Europa en dos áreas de influencia Francia, Alemania y Lombardía para los dominicos y Borgoña, centro de Italia y Bohemia para los franciscanos.

Todo este esfuerzo por mantener la unidad saltó por los aires durante el Cisma de Occidente (1378 - 1419). Durante este periodo la Iglesia pasó del universalismo a mostrarse más como una potencia política. Cada reino buscó emanciparse de las tutelas papales, eliminando los reyes todas las trabas que tenía ante su poder absoluto.

Controladas las iglesias nacionales por los monarcas, es lógico que sucediera lo mismo con las instancias penales que estas ejercían. Entramos pues que a partir del siglo XIV los inquisidores pasarán de ser legados papales a inquisidores nacionales. Respaldadas las inquisiciones nacionales por la autoridad episcopal, su actuación respondía ya a exigencias de seguridad política de los reinos. La Inquisición española no sería sino un vástago tardío del mismo principio político que dio origen a todas las demás.

miércoles, 1 de julio de 2009

La Inquisición (I). Precedentes

Hace unos días rescaté de la librería de mi casa una publicación que editó el Ayuntamiento de Cuenca sobre la Inquisición con motivo de la Muestra del Turismo, el Arte y la Cultura en Castilla la Mancha en 1985. He de reconocer que por aquel entonces el librito en cuestión me pareció un tostón, ya que en esos días yo contaba con 13 años y esperaba encontrarme toda una serie de descriptivos métodos de tortura y demás detalles escabrosos, no obstante los años van pasando y su relectura me ha parecido mucho más interesante ahora, por lo que en la siguiente serie de entradas os iré resumiendo algunas de las partes de dicha publicación.

Por ser esta la primera entrada empezaré, como es lógico, con los orígenes de la Inquisición y que motivó su creación, y para ello hay que entender en primer lugar que la sociedad europea medieval se trataba de una sociedad Teocrática, que tenía como puntos comunes y nexos de unión el mito del imperio restaurado y el dogma cristiano. De hecho se consideraba que la Cristiandad había de ser "inconsútil como la túnica de Cristo", es decir, había de ser una y única.

Europa se identificó finalmente con su condición de soporte de la Cristiandad, en la que necesariamente había de procurarse la salvación ultraterrena a todos y cada uno de sus componentes.

Se llegó por tanto a un punto en el que política y religión se prestaron ayuda mutua, de tal modo que la sociedad era tutelada espiritualmente por la Iglesia y esta obedecía a sus monarcas en virtud de ciertos principios de justificación del poder temporal que definía el magisterio de la Iglesia, es decir, la Iglesia prestaba obediencia a los reyes y estos tenían legitimado su poder en virtud de la sanción espiritual de la Iglesia, por lo que la necesidad que tenían reyes e Iglesia el uno del otro se fraguó en una unión de intereses recíprocos.

A este perfecto matrimonio de conveniencia le surgió una amenaza muy seria, las herejías, considerando como herejía todo aquello que se aleja de la ortodoxia marcada por el papado. Al principio de la era cristiana las herejías se limitaban a controversias entre personas de gran potencia cultural e intelectual, por lo que hasta el siglo XI no representaron un peligro público, por ejemplo el impacto de las controversias orientales, como el monotelismo o la iconoclastia, solo repercutieron en el plano de la diplomacia pontificia e imperial y los problemas más internos solo se trataron entre expertos.

Pero en el siglo XII surgen movimientos populares que se extendieron más ampliamente, estos movimientos se pueden dividir en 3 tipos:
  • Simple rebelión contra la religión de los ricos, jerárquica y sacramental, que pretende un contacto con Dios más espiritual, sencillo e individual.
  • Resurgimiento de la antigua herejía dualista (el bien y el mal) procedente de los Balcanes.
  • La heterodoxia que manifestaron algunas personas instruidas y bien dotadas.
Los primeros movimientos heréticos de diversas regiones de Francia y norte de Italia del siglo XI decayeron por si mismos o fueron reprimidos con fuerza.

Una segunda oleada surge de Italia y el sur de Francia en la primera mitad del siglo XII, fue este un movimiento que reclamaba el retorno del clero a la pobreza apostólica.

Pero la oleada más duradera fue la surgida en la segunda mitad del siglo XII, se inició en Constantinopla y se extendió por Bulgaria, Bosnia, Renania, Lombardía y el Mediodía francés, llegando hasta el norte de la propia Roma esta herejía fue la de los "puros", o lo que es lo mismo, los cataros. En la región de Languedoc hubo conversos entre las grandes familias feudales, monjes e incluso obispos.
Es decir, el movimiento cataro amenazaba directamente a la jerarquía eclesiástica y se extendía ya a la clase dominante en la nobleza.

La herejía catara fue sofocada por la cruzada decretada por el papa Inocencio III, esta cruzada tuvo dos consecuencias, una la sumisión de la región languedociana al rey de Francia y al papado y la otra el afianzamiento de una institución de control ideológico y social, una institución que contaba ya con un siglo de historia y que estaba llamada a tener un papel importantísimo en el futuro, y no era ésta otra que la Inquisición.

lunes, 29 de junio de 2009

El sudor inglés

A pesar del título la entrada no va dedicada a la transpiración de nuestros amigos los hijos de la Gran Bretaña, sino a la enfermedad que asoló Inglaterra en el verano de 1485.

La enfermedad afectó en mayor medida a varones jóvenes, sin distinción de clase social, entre los 15 y los 45 años, los síntomas eran cuadro respiratorio agudo con dolores musculares, abdominales y de cabeza, vómitos y una gran ansiedad. Pese a presentar escasa fiebre, los enfermos sufrían una intensa sudoración, de lo que le vino el nombre.

La epidemia se gestó en la costa inglesa y se achacó a las tropas desembarcadas por Enrique Tudor en Gales para luchar en la guerra de las Dos Rosas. Tras la victoria el ya Enrique VII marchó sobre Londres, ciudad en la que apareció la enfermedad a los 22 días de su llegada contando entre sus primeras víctimas al alcalde, su sucesor y a varios miembros del Consejo de la ciudad, de ahí rápidamente se extendió por todo el país a través de las vías de comunicación más importantes, y las ciudades más afectadas fueron aquellas ubicadas en importantes cruces de caminos, quedando prácticamente indemnes las aldeas más alejadas.

Cuando se producía el primer caso en una población la enfermedad se propagaba rápidamente causando una gran mortandad, aproximadamente moría un tercio de los afectados, y pasadas dos semanas igual que llegaba desaparecía. Al comienzo del invierno la enfermedad desapareció con el mismo sigilo que con el que llegó dejando un reguero de más de 15.000 muertos.

Tras sucesivos rebrotes, el último en 1551, se buscaron varias causas, las cuales fueron variando a lo largo de los años en función de la enfermedad de moda en cada época, de este modo en sus orígenes se achacó a la conjunción de influencias climáticas, astrales y de salubridad, en el siglo XIX se atribuyó a fiebres reumáticas, en 1919 tras la gripe española a una gripe especialmente virulenta, en los 60 a envenenamientos por hongos o algún tóxico contaminante de los cereales, en los 70 al cólera, en los 80 a algún arbovirus, y como no podía ser de otro modo en los últimos años se ha asociado a algún virus relacionado con la gripe aviar, por lo que el debate sigue sin cerrarse.

Fuente: Número VI de la revista Memoria, la Historia de Cerca

jueves, 25 de junio de 2009

El Gazpacho Manchego

El gazpacho manchego comparte con el andaluz el nombre y algún que otro ingrediente, ya que si bien el segundo es una sopa fría de consumo muy veraniego el primero es un guiso de carne de caza y tortas de pan ácimo o tortas cenceñas o galianos que por todos estos nombres se conoce, por tanto la mayor relación entre ambos, aparte del nombre, es el pan.

El origen de los gazpachos manchegos es pastoril, de hecho el término galiano proviene de galiana que significa cañada, así en el Quijote, compendio de casi toda la cultura popular española, encontramos:

"más quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente que me mate de hambre"

Se utiliza el término gazpachos ya que en su zona de origen en la Mancha no se le llama gazpacho manchego sino por el plural gazpachos, una cita que aúna a ambos gazpachos dice "el andaluz no admite plural ni el manchego singular"

Quizá el ingrediente más pintoresco de estos gazpachos sean estas tortas de pan, de hecho en sus orígenes los gazpachos también se servían sobre una de estas tortas y como cubiertos se valían de más de este pan de ahí vino el dicho "De los gazpachos se come hasta la cuchara y el plato". De estas tortas de pan ácimo , es decir, sin levadura, podemos decir que es el tipo de pan que primero conoció la humanidad y el que utilizó durante milenios, en principio se preparaba con harina sin refinar (lo que ahora llamamos integral) y se cocía sobre piedras en el fuego o directamente en las brasas. Se han encontrado restos de pan ácimo en yacimientos prehistóricos de Suiza, la tradición judeocristiana cuenta que el pueblo judío en su salida de Egipto en tiempos de Moisés llevó pan ácimo, y en el sacramento católico de la Eucaristía el pan utilizado es nuevamente obleas de pan ácimo. También encontramos referencias al pan ácimo en fuentes árabes así en el tratado Al-Kalam 'Ala escrito a principios del siglo XV por al-Arbúli encontramos la siguiente referencia al pan ácimo:

"Es pesado, produce obstrucciones en las vísceras y cálculos en los riñones. Es un poco más frío que el pan fermentado, por la ausencia de levaduras en el. A veces lo come la gente que hace trabajos pesados y duros, y nos les daña, pero tampoco se digiere en sus estómagos. No es recomendable para la gente de vida descansada que no realiza trabajos fuertes..."

Aunque los efectos perniciosos que el autor árabe relata no son tales, si es cierto que unos buenos gazpachos es una comida contundente que ha de ser rebajada con un poco de ejercicio.

Torta de gazpachos

En alguna parte de la entrada he utilizado también el nombre de gazpacho pastor (mas propio de la sierra de Cuenca), la diferencia entre el gazpacho pastor y el manchego es que en el primero se deja reducir totalmente el caldo hasta que el guiso queda como una tortilla, mientras que el segundo queda caldoso tal cual se ve en la foto de cabecera.

Gazpacho pastor

Y como en el caso del andaluz ya solo me queda dejaros con la receta, en este caso extraída del Restaurante Nuestro Bar de Albacete:

Ingredientes 4 personas:

  • 1/2 conejo, si es de campo mucho mejor
  • 1 perdiz (también vale pollo, no es lo mismo pero...)
  • 1 cabeza de ajos
  • 1/2 pimiento
  • 2 tomates maduros, laurel, tomillo.
  • 1/4 Kg. de setas
  • 1 torta de gazpachos

  • Preparación:
    1. Trocear el conejo y la perdiz, si se quiere sacar nota, además deshuesarlos.
    2. Trocear los tomates y pimientos y pelar los ajos.
    3. Partir la torta en trozos, un puñado por persona, a mi me gusta que el cocinero tenga buena mano para esto ;)
    4. Poner agua a calentar.
    5. En una sartén con aceite, sofreír unos minutos la carne. Añadir laurel, los ajos, el tomate y el pimiento y sofreír otros 5 minutos.
    6. Añadir el agua caliente y sal al gusto y dejar cocer 25 minutos
    7. Añadir tomillo y la torta de gazpacho
    8. Incorporar las setas troceadas y acabar de cocer hasta que la carne esté bien tierna (15 minutos más).
    El Secreto: Dejar reposar 10 minutos





    martes, 23 de junio de 2009

    Gazpacho

    Ahora que ya tenemos encima de nuestras cabezas el verano y la canícula amenaza con derretirnos las meninges, muchos de nosotros haremos uso del gazpacho para sobrellevar los rigores de la estación, así que la entrada irá dedicada al origen de la, posiblemente, sopa fría más famosa.

    El origen del gazpacho lo podemos encontrar en un alimento preparado en época romana a base de pan duro, ajo, aceite y vinagre todo ello machacado y bebido lo más frío que las posibilidades de la época brindaban, esta salmuera era consumida por legionarios, y trabajadores del campo, y se extendió por todo el orbe romano, dándole en cada zona su toque especial, ya que añadiendo a esta mezcla almendras tenemos el también famoso ajo blanco.

    Pero sin duda es el descubrimiento de América y la llegada de las nuevas hortalizas del nuevo mundo lo que revolucionó la gastronomía en general y nuestro gazpacho en particular, ya que en nuestros días no podemos concebir un gazpacho sin los americanos tomates y pimientos.

    En cuanto al nombre de gazpacho, parece que viene del portugués caspacho, el cual deriva de la palabra latina caspa, que significa resto o residuo. Ya sabemos que en la cocina tradicional no se desperdicia nada, y tirar un buen mendrugo de pan duro era un lujo que las gentes de entonces no se podían permitir.

    El origen del salmorejo cordobés, es el mismo que el del gazpacho, solo que mantiene más de la herencia romana que sus hermanos, así es mucho más espeso y su nombre derivaría de la salmuera consumida por las legiones.

    Por tanto solo quedaría dejar la receta:

    Ingredientes:
    • 1 ¼ kg de tomates maduros, pelados y quitadas las semillas.
    • ½ cebolla mediana (30g).
    • 1 pepino pequeño.
    • 1 pimiento verde pequeño.
    • ¼ kg de miga de pan del día anterior y remojado en agua.
    • 1 taza de aceite de oliva.
    • 2 cucharadas de vinagre.
    • agua fría.
    • sal.
    • aparte en platillos separados : un poco de tomate en cuadraditos, pimiento, pepino y cuadraditos de pan
    Preparación:
    1. En la batidora se pone parte de las hortalizas y parte del pan remojado (ver el número 8 para lo que sobra). Se bate bien para que quede muy fino.
    2. Si hiciese falta de algo de agua, se le añade pero no suele ocurrir, pues el tomate es muy caldoso.
    3. Si se prefiere con trozos se bate menos. Si se prefiere muy liso se bate bien y luego se cuela con un colador.
    4. Una vez batido y colado se pone en la sopera donde se vaya a servir.
    5. Se añade el aceite el vinagre y la sal.
    6. Se mete en la nevera por lo menos dos horas.
    7. Al ir a servir el gazpacho se ponen unos cubitos de hielo y se mueve para que enfríe bien. Se añade agua fría a gusto, pues hay quien prefiere el gazpacho espeso y quien lo prefiere clarito, yo personalmente no me gusta añadirle agua ni hielo.
    8. Aparte se sirven las verduras picadas, cada una en un platillo y el pan en cuadraditos también por separado, a este picadillo a mi me gusta añadirle unas virutillas de jamón serrano.

    Para la siguiente entrada, dejo otro gazpacho no tan conocido, el gazpacho manchego o gazpacho pastor, el cual no es tan propio del verano... y los que no lo conozcáis veréis por que.