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miércoles, 30 de enero de 2013

Segóbriga


Desde que comencé el blog tengo una cuenta pendiente, y esa cuenta se llama Segóbriga. Como conquense tenía la necesidad de traerla al blog pero nunca encontré la forma, el modo o el tiempo adecuado. La escusa me la da el que este pasado fin de semana volví a recorrer las ruinas de esta antigua ciudad de la Manchuela conquense.

Vista de las Ruinas de Segóbriga

 Cuando se visitan este tipo de sitios uno tiende a imaginarse “como era”, pero a mi Segóbriga me produce un efecto distinto, no se si nostálgico. Y es que, lo que me viene a la mente es el como vieron su ciudad sus últimos habitantes, ¿eran conscientes de la grandeza pasada del lugar? ¿Llegaron a sentir añoranza del esplendor pasado? ¿Murió allí su último habitante o ya se había trasladado a otro sitio?

Su nombre, que evoca los tiempos celtas prerromanos, nos dice por un lado que Sego- quiere decir Victoria y –briga, ciudad/fortaleza, ¿sabría aquel ultimo segobrense que nació en la Ciudad de la Victoria o en la Ciudad Victoriosa? La ciudad que venció a todo excepto al paso del tiempo.

Y es que aquel castro celtibérico estuvo habitado desde la Edad del Bronce, fue arrasado por las Guerras de Sertorio, pero resurgió de sus cenizas, tal y como lo relató Estrabón. Esta Segóbriga, aliada de Roma, fue también atacada por Viriato, y hubo de hacerlo dos veces ya que la primera vez fracasó.

Y fue Plinio quien su Naturalis Historia puso a Segóbriga en el mapa del Imperio, refiriéndose a ella como caput Celtiberiae (cabeza de Celtiberia) y es que en esa época la ciudad fue muy próspera gracias a las minas de Lapis Specularis, una variedad de yeso cristalizado translúcido que se usó como vidrio para las ventanas y que se exportaba desde el puerto de Cartagena a todo el Imperio. Plinio nos dice que se extraía de minas localizadas en “100.000 pasos alrededor de Segóbriga”.

En tiempos de Augusto se convirtió en municipium, no se si en esto tuvo algo que ver el segobrense Marcio Porcio, que fue secretario del emperador. A partir de este momento es cuando nace la Segóbriga monumental que se extendió hasta la dinastía Flavia. La ciudad había alcanzado su cenit. Pero duró poco, se sabe que en el siglo IV sus grandes monumentos estaban ya abandonados. No obstante siguió siendo una gran ciudad, en época visigoda los obispos de Segóbriga asistieron a varios de los Concilios de Toledo.

El eclipse total vino con la invasión musulmana, aunque también de esta época data su última gran obra, una fortaleza islámica en la cima del cerro, el lugar donde hubo de estar la antigua acrópolis.

Tras la reconquista aún persistía allí una pequeña población rural, pero que incluso había perdido hasta su antiguo nombre, en aquella época se llamaba ya Cabeza de Griego, nombre con el que se conoce el cerro donde está ubicada. La población dependía de Uclés, y allí fueron muchos de sus antiguos sillares para que se construyera el convento-fortaleza que estaba llamado a ser la sede del Maestrazgo de la Orden de Santiago.

Su población poco a poco había ido trasladándose a la vecina Saelices, lugar en el que manaba la fuente que abastecía de agua potable, a través de un acueducto, a la vieja Segóbriga.

Y es en este punto cuando entra en mi mente aquel hipotético segobrense que cerrando su casa partía dejando para el futuro los restos de lo que aquello fue.

Imagino que su despedida comenzaría en lo alto del cerro, desde la antigua acrópolis ahora ruina del pasado musulmán, allí vería el paisaje, un paisaje que no ha cambiado prácticamente nada hasta nuestros días. Descendiendo hasta las viejas termas monumentales con su magnífica palestra, justo al lado de la casa del procurador minero y sus ajados mosáicos, para luego recorrer el aula basilical y el foro, aquel que se enlosó gracias a la donación de Proculus Spantamicus y así quedo grabado en piedra para la posteridad.

Palestra de las Termas
Mosaico de la casa del Procurador

Foro

Aula Basilical
 
Giraría entonces hacia la izquierda dejando a mano derecha el criptopórtico, aquella construcción que elevó el porticado del foro y cuyo subterráneo albergó el archivo de la ciudad. Enfilaría la puerta principal de la muralla con la magnífica mole del anfiteatro al frente, donde en sus tiempos 5.500 espectadores jalearon a sus gladiadores, miraría luego a su derecha para ver por última vez el teatro, donde tantos actores llevaron las grandes obras clásicas.

Anfiteatro
Grada del Teatro
 Tomaría el camino de Saelices, pasando ante lo que fué la basílica visigoda para terminar cruzando la arena del circo, arena que en su construcción arrasó con la necrópolis celtíbera. ¿Sería toda aquella ruina motivada por el despecho de aquellos que allí reposaban y que fueron removidos de su eterno descanso para divertimento de los vivos?

Basílica Visigoda

Circo

Necrópolis


viernes, 20 de enero de 2012

La princesa Zaida

En el año 1085 Alfonso VI tomaba la ciudad de Toledo, este hecho sembró la preocupación y la alarma entre los reyes y magnates andalusíes. Toledo, la capital de la antigua monarquía visigoda era de nuevo cristiana, lo cual tenía una gran importancia simbólica. Sentarse en el trono toledano hacía recordar los tiempos pasados de la primera unidad peninsular, y podía legitimar a su inquilino a pretender el gobierno de todo el territorio hispano.

 Los musulmanes tomaron la difícil decisión de llamar en su auxilio a unos guerreros nómadas bereberes del otro lado del estrecho, los almorávides. Estos eran unos integristas radicales del Islam, su jefe Yusuf Ibn Tasufín, fanático derviche, se vestía con pieles de oveja y se alimentaba de dátiles y leche de cabra, al estilo de los legendarios guerreros fundadores del Islam. La petición de ayuda que envió el monarca sevillano Al-Mutamid rezaba así:

“Él [Alfonso VI] ha venido pidiéndonos púlpitos, minaretes, mihrabs y mezquitas para levantar en ellas cruces y que sean regidos por sus monjes […] Dios os ha concedido un reino en premio a vuestra Guerra Santa y a la defensa de Sus derechos, por vuestra labor […] y ahora contáis con muchos soldados de Dios que, luchando, ganarán en vida el paraíso.”

Yusuf, cruzará cinco veces el estrecho, la primera derrotará a Alfonso VI en Sagrajas (1088), la segunda hará lo propio en el casillo de Aledo (1090) y su tercer viaje no fue para luchar contra los cristianos, sino para destituir a todos los reyes de taifas y proclamarse emir de Al-Andalus, y es que Yusuf se había encontrado con una tierra rica, con unos reyes divididos que habían relajado las costumbres del Islam y que además observaban gran tolerancia hacia judíos y cristianos, algo que le enfadó notablemente. Enseguida caen bajo su poder Málaga y Granada, viendo como se desarrollaban los acontecimientos Al-Mutamid pide a su hijo Al-Ma’mun, rey de Córdoba, que defienda a toda costa la ciudad, ya que si Córdoba caía la defensa de Sevilla iba a ser misión imposible.

Al-Ma’mun, dada la dispersión de los barrios cordobeses y la simpatía de sus moradores hacia los almorávides, no pudo cumplir con el encargo de su padre cayendo la ciudad en manos de los invasores el 26 de Marzo de 1091, las crónicas árabes describen así el final de Al-Ma’mun:

“intentó abrirse camino con su espada a través de los enemigos y de los traidores pero sucumbió al número. Se le cortó la cabeza, que la pusieron en la punta de una pica y pasearon en triunfo”.

Y es en este momento cuando entra en la historia nuestra protagonista de hoy, la princesa Zaida. Según unas fuentes, Zaida era hija de Al-Mutamin y la poetisa Rumaykiyya, y fue ofrecida en matrimonio a Alfonso VI a cambio de ayuda. Pero según las más recientes investigaciones Zaida no sería hija del rey sevillano, sino la esposa de su hijo Al-Ma’mun, el cual viendo la situación  la puso a salvo mandándola al castillo de Almodóvar del Rio. Esta segunda hipótesis es la que se extrae del al-Bayan al-mugrib FiAhbar Muluk-al Andalus de Ibn Dari encontrado en la gran mezquita de Fez.

Dado que el reino de Sevilla era tributario de Alfonso VI, este envió un ejército de rescate al mando de Alvar Fáñez al castillo de Almodóvar. Este ejército fue derrotado pero pudo rescatar a la princesa que fue llevada a Toledo, ya que a Córdoba no podía volver y la corte de su suegro se dirigía al mismo destino que había tenido la de su esposo. Cuando llegó allí, el rey castellano quedó prendado de la joven. Además, la princesa no llegó con una mano delante y otra detrás, ya que con ella se incorporaron a la corona castellano-leonesa, previa conversión al cristianismo con el nombre de Isabel,  las villas de Cuenca, Uclés, Amasatrigo, Alarcos y Ocaña, para unos en concepto de dote por la boda, para otros en concepto de pago para conseguir ayuda militar contra los almorávides.

Fruto de los amores entre el rey y Zaida entre 1093 y 1094 se produjo el nacimiento del infante Sancho Alfonsez. El rey, que tras cinco matrimonios y dos concubinatos, más una posible relación incestuosa con su hermana, pero esto ahora no viene al caso, no había tenido ningún hijo varón, inmediatamente lo declaró su directo descendiente y heredero de las coronas de León, Castilla, Galicia, Portugal y el resto de condados. Es en este punto donde más se oscurece el asunto de si la boda llegó a celebrarse o no, ya que las crónicas se contradicen entre si, en la De rebús Hispaniae, del arzobispo de Toledo Jiménez de Rada, se incluye a Zaida entre las esposas de Alfonso VI, pero en la Crónica najerense y el en Chronicon mundi se dice que Zaida fue concubina y no esposa. Si se produjo la boda hubo de ser casi con toda seguridad en este momento, y si no se produjo no sería de extrañar que los autores alterasen las crónicas a posteriori, ya que había que dar forma legal a la sucesión. Y para muestra de ello el fantasioso relato que nos deja el canónigo del siglo XII de la Real Colegiata de San Isidoro, Lucas de Tuy, el cual dice que trató a los que trataron a Zaida:

“… como aquella doncella,…, hija del rey de Sevilla, viendo los milagros que Nuestro Señor por su santo confesor –San Isidoro- tan magníficamente declaraba… renunciando a Mahoma y sus falsedades, deseaba venir de todo corazón a la gracia del santo bautismo. Y como su padre fuere algo inclinado a la fe cristiana, porque según se dice, San Isidoro se la había enseñado una noche que se le apareció por cierta visión, y aquella inclinación tenía secreta… acordó con el rey D. Alfonso enviándole grandes dones y riquezas y suplicándole afectuosamente que tuviese a bien enviar sus caballeros por la dicha doncella, y que la trajeran y pusieren  a recaudo, pues tanto deseaba ser cristiana”.

Vamos que igual que hay políticos que hablan catalán en la intimidad, no sé por qué no iban a existir reyes andalusíes que fueran cristianos en el mismo ámbito privado.

Lo cierto es que con boda o sin ella Zaida gozó, no sé si del amor, pero sí de un gran aprecio por parte del rey. Su llegada a la corte supuso la entrada de nuevos aires de la sociedad musulmana, el arabista conquense González Palencia cuenta que la corte de Alfonso VI “casado con Zaida” parecía una corte musulmana:

“sabios y literatos muslimes andaban al lado del rey, la moneda se acuñaba en tipos semejantes a los árabes, los cristianos vestían a usanza mora y hasta los clérigos mozárabes de Toledo hablaban familiarmente el árabe y conocía muy poco el latín, a juzgar por las anotaciones marginales de sus breviarios”.

De la relación con el rey nacieron tres hijos, el ya citado Sancho, Elvira que se casaría con Rogelio II Rey de Sicilia y Sancha que sería la primera esposa de Rodrigo González de Lara, conde de Liébana.

Sin embargo, poco pudo disfrutar Zaida de su vida en la corte ya que murió cuando contaba alrededor de 30 años, se dice que de sobreparto. El rey quiso que sus restos descansaran en el panteón que había designado para sí, sus reinas e hijos en el Monasterio de San Benito de Sahagún. En la lápida de Zaida había una inscripción que rezaba:

    “UNA LUCE PRIUS SEPTEMBRIS QUUM FORET IDUS SANCIA TRANSIVIT FERIA II HORA TERTIA ZAYDA REGINA DOLENS PEPERIT”

A este mismo panteón irían poco después los restos de su hijo, el infante Sancho, que moriría, sin alcanzar el trono, en la batalla de Uclés cuando contaba entre 12 o 13 años de edad, menuda ocurrencia la de mandar al crio a que viese la guerra cuando no era capaz de defenderse.

Este sepulcro se perdería durante un incendio en 1810, los restos del rey y de sus esposas fueron recogidos en la cámara abacial hasta 1821, año en el que los religiosos fueron expulsados del monasterio, siendo depositados por el abad en una caja colocada en el muro meridional de la capilla del Crucifijo. En este lugar estuvieron hasta 1835 cuando durante la desamortización fueron depositados en el archivo y de ahí se entregaron en depósito a una parienta de uno de los religiosos, llamada Manuela Sargado. Las urnas de jaspe que contuvieron los cuerpos se destinaron a usos más prosaicos como pilas y abrevaderos. Desde ese momento permanecieron ocultos hasta 1902 cuando Rodrigo Fernández Núñez, catedrático del Instituto de Zamora los redescubrió.

Actualmente los restos de Alfonso VI reposan en el Monasterio de las Benedictinas de Sahagún, y en un sepulcro cercano se encuentran los de sus esposas, entre ellos los que se atribuyen a Zaida.

Desde el 14 de Julio de 1950 la princesa Zaida cuenta con una calle en Madrid y desde el 16 de febrero de 1959 en Cuenca.

Fuentes:
Biblioteca Virtual del Instituto Cervantes
www.andalucia.cc
eldesvandemislibros.blogspot.com
wikipedia

viernes, 10 de diciembre de 2010

El Burgo de Osma

Con esta entrada espero poneros los dientes largos, y es que este pasado puente de la Constitución lo pasé en la localidad soriana de El Burgo de Osma.
 
Para la ocasión nos alojamos en el Hotel Termal de la localidad, que está ubicado en el edificio de la antigua Universidad de Santa Catalina, un edificio del siglo XVI, con un grandioso claustro renacentista y una vistosa fachada plateresca, además, la piscina termal está instalada en lo que era el antiguo aljibe, es decir, todo un lujo:

Pero no solo de baños y claustros vive el hombre, así que pasear por las calles de la localidad, es el segundo de los placeres que tiene El Burgo de Osma, y para muestra su Calle Mayor:


Una de las primeras cosas que llama la atención del visitante de El Burgo de Osma es el descubrir que una localidad relativamente pequeña cuente con una Catedral, la de "La Asunción de Nuestra Señora", y es que la sede episcopal de la provincia de Soria no está en la capital provincial, sino en El Burgo. Y lo ha sido al menos desde el siglo VI, ya que en las actas del decimosegundo concilio de Toledo aparece la firma del obispo Johannes, Oxomensis Episcopus.

La actual catedral, aunque gótica en su conjunto, es una amalgama de estilos, ya que conserva aún algún resto del primitivo templo románico, pasando por el barroco y el neoclásico; este último estilo vino de la mano del confesor de Carlos III, el burguense fray Joaquín de Eleta que trajo a los mejores arquitectos de la corte como Villanueva, Sabatini o Maella, los cuales dejaron también su impronta en la catedral. Del viejo románico solo queda la cripta del sepulcro de San Pedro de Osma, y lo destacable de este sepulcro-cripta es que conserva gran parte de su policromía original, y como una imagen vale más que mil palabras...

 Y es que el pueblo de El Burgo de Osma, rezuma historia por los cuatro costados, ya que estamos ante una de las localidades más antiguas de nuestro país, heredera de la arévaca Uxama, que posteriormente fue romana, visigoda, musulmana y cristiana de nuevo. Y todo ello ha dejado su huella, pero para verla completa hay que salirse a las afueras, donde se encuentra el yacimiento de Uxama. Es poco lo visible y mucho lo que queda por descubrir, entre lo visible, está la villa romana de los Plintos, la cisterna de agua que recogía el caudal proveniente de Ucero, a unos 16Km de distancia, y todo ello coronado por una atalaya árabe. Atalaya, construida sobre los cimientos de una casa romana, de las que el califato cordobés erigiera a lo largo de la frontera del Duero.


Desde lo alto de esta atalaya puede uno disfrutar de una de las mejores vistas del entorno:

 El día que yo subí tuve la suerte de estar en la más completa soledad, bueno solo, lo que se dice solo no estuve:

Y si a todo esto añadimos una gran gastronomía y un excelente vino, ¿puede uno pedirle algo más a un puente?

lunes, 31 de mayo de 2010

Almanzor (II). Caudillo de Al-Andalus

Las primeras campañas militares de Almanzor no fueron contra el norte cristiano, sino contra el Magreb musulmán. Su objetivo, el control de las rutas que llegaban del desierto, en especial el comercio de esclavos y, por supuesto, el oro. A fin de guardar las apariencias no intervinieron tropas cordobesas directamente, salvo cuando fue estrictamente necesario, sino que se apoyó en las tribus bereberes de la etnia zanata, su objetivo era sacudirse de la zona el dominio de los fatamí egipcios que habían dejado el control en otra etnia local, los ziríes.

El primer paso consistió en la fortificación de las ciudades costeras como Ceuta, y la construcción de nuevas como Sidjilmasa u Oujda, donde se fundaron principados pro-andalusies. Pero cuando estos se quisieron sacudir la tutela de Almanzor, pensarían ¿para que iban a compartir los beneficios?, el de Algeciras no tubo ningún inconveniente en enviar a un ejército al mando de su hijo que aplastó a los rebeldes en menos de un año, y tomar el directamente el control del norte del actual Marruecos.

Una vez controlado y dominado el norte de África y por tanto garantizada la llegada de oro, Almanzor contó con recursos casi ilimitados, para emprender la guerra contra los reinos cristianos. Sin embargo la guerra contra el Norte difirió en un punto, para mi importante, con las operaciones en el Magreb, ya que en este caso no intentó quitar mucho territorio a los reinos cristianos, se limitó a fijar nuevamente la frontera en el Duero, se trató más bien de razias, nada menos que 56, que tenían como fin principal el saqueo, la captura de esclavos y sembrar el terror, ¿por que? en mi opinión porque le era más rentable económicamente tener unos territorios amedrentados que le pagaran tributos, que tener nuevos territorios que administrar, repoblar y mantener.

Cronológicamente las razias más famosas de Almanzor fueron:
  • 981 Zamora
  • 985 Barcelona
  • 987 Coimbra
  • 988 Sahagún y Eslonza
  • 990 Osma
  • 997 Braga y Santiago de Compostela
  • 999 Pamplona
  • 1000 Batalla de Cervera
  • 1002 San Millán de la Cogolla
Se puede comprobar que no tenía ningún problema en meterse hasta la cocina y que se movía como Pedro por su casa dentro del territorio cristiano. Pero si hay una campaña que le dio fama, fue, sin lugar a dudas, el saqueo de Santiago de Compostela. Después de que el obispo Pedro Mezonzo evacuara la población, el caudillo musulmán arrasó con toda la ciudad, incluido el templo prerrománico dedicado al Apostol Santiago. Solo se salvó una cosa, el sepulcro del apóstol. Hay quien argumenta que esto fue un error, ya que no rompió el nexo de unión de la España cristiana con Europa, el Camino de Santiago, el gran eje dinamizador del norte cristiano. Aunque quizá también fue este hecho el que hizo que respetara el sepulcro, es decir, el Camino de Santiago era ya entonces una entidad pan-europea, y su destrucción podría haber dirigido las miradas de toda Europa sobre el califato cordobés. Fuera por superstición religiosa o por estrategia política, lo cierto es que este año celebramos un Xacobeo gracias a esto. Pero el tema de Santiago aún tuvo otro capítulo, ya que con las puertas de la ciudad mandó construir unas andas sobre las que cargaron hasta Córdoba prisioneros cristianos con las campanas del templo compostelano. Viaje este, el de las campanas, que 250 años más tarde hicieron de vuelta, esta vez cargadas por prisioneros musulmanes, cuando Fernando III El Santo las recuperó.

Mientras, los reinos cristianos, no es que se dejaran hacer, que los pobres trataron de plantar batalla a Almanzor en varias ocasiones, en el 977 los ejércitos coaligados de Ramiro III de León, García Fernández de Castilla y Sancho II de Navarra fueron derrotados en las batallas de Gormaz, Langa y Estercuel, y una año después en Rueda.

Almanzor falleció a los 63 años por causas naturales, de camino a Medinaceli. Sobre su cuerpo se depositó un ladrillo fabricado, se dice, con el polvo que sus sirvientes recogían de cepillar sus ropas tras cada batalla contra los cristianos. Su fallecimiento lo recogió la Crónica Silense (cristiana) de este modo:

"Pero, al fin, la divina piedad se compadeció de tanta ruina y permitió alzar cabeza a los cristianos, pues pasados doce años Almanzor fue muerto en la gran ciudad de Medinaceli, y el demonio que había habitado dentro de él en vida se lo llevó a los infiernos"

Mientras, el historiador árabe Ibn Idari recogía:

"Sus huellas sobre la tierra te enseñarán su historia, como si la vieras con tus propios ojos. Por Dios que jamás los tiempos traerán otro semejante, que dominara la península y condujera los ejércitos como él."

A pesar de tantas victorias, Almanzor sentó las bases de la destrucción definitiva del Califato de Córdoba. Con tanta acumulación de poder devaluó la figura del Califa, que había quedado como un sujeto decorativo. Tras su muerte el país se sumió en una guerra civil entre sus partidarios y sus oponentes, entrando toda la sociedad islámica peninsular en una espiral de violencia y descomposición que 30 años después de la muerte de "El Victorioso" llevó a que el califato fuera disuelto oficialmente.

Esta disgregación, fue rápidamente aprovechada por los reinos cristianos que solo 83 años tras Almanzor ya habían llegado a Toledo. La Reconquista podría haber durado entonces muy poquito más, pero en ese momento para los cristianos, igual que para Almanzor antes, le eran más rentables unos reinos musulmanes debilitados que pagaban grandes cantidades de oro a fin de mantener su independencia y su existencia.

Por cierto... si alguien se lo está preguntando, en Catalañazor, Almanzór no perdió nada, si acaso pudo darse la circunstancia que ante sus puertas, camino de Medinaceli, entregara su vida a Allah.

Fuentes: Wikipedia, www.biografiasyvidas.com, www.arteguias.com

jueves, 27 de mayo de 2010

Almanzor (I). Su carrera política.

Abu 'Amir Muhammad ben Abi 'Amir al-Ma'afirí, autoapodado Al-Mansur  "El Victorioso". Es sin duda uno de los grandes personajes de la historia de España, por lo que bien merece un par de entradas en este blog. Es conocida su fama como guerrero del Islam y azote de cristianos. Pero a lo largo de estas entradas espero desentrañar que esto no fue exactamente así, ya que Almanzor luchó contra musulmanes tanto o más que contra cristianos, esto nos podría llevar a pensar que se trató de un hombre de estado al estilo del cardenal Richelieu, que luchó tanto contra católicos como protestantes según interesara a Francia en cada momento, pero no parece que sea este el caso, ya que las acciones de Almanzor nos indican que buscaba más su bien personal que el de su país o su soberano.

Almanzor nació en el 938 en la comarca de Algeciras, en el seno de una familia de origen yemení, establecida en la zona desde los tiempos de la invasión.

Siendo aún muy joven se trasladó a Córdoba para realizar sus estudios de Derecho y Letras, en la capital califal inició su carrera pública como memoralista y escribano del cadí de la capital. Pero el gran salto político lo dio de la mano de, la vascona Subh, la favorita del califa, de la que parece que además fue amante. Estas buenas relaciones le hicieron ascender al puesto de tesorero del califa y director de la ceca, corría el año 968 y Almanzor contaba con 30 años. A la muerte del príncipe heredero se le nombra administrador del nuevo príncipe Hisham. Y es aquí cuando empieza a engordar su patrimonio, al tener libre acceso a las arcas reales. A pesar de ser denunciado por corrupción, no solo consiguió maquillar las cuentas y salir indemne, sino que salió beneficiado al serle concedido además  de una disculpa pública, el mando de la policía.

Cuando fallece el califa, el joven príncipe cuenta con 12 años, por lo que no se le capacita para gobernar, surgen entonces dos corrientes enfrentadas, por un lado los partidarios de nombrar nuevo califa al hermando del difunto soberano y los partidarios de nombrar una regencia en manos de al-Mushafi. Almanzor, se decanta por la segunda opción, y dada su conocida falta de escrúpulos, al-Mushafi le encarga la eliminación del pretendiente a califa. Almanzor cumple con su parte del trato, estrangulándolo ante sus mujeres para posteriormente colgarlo de una viga y simular un suicidio.

Gracias a sus servicios al-Musafi fue nombrado hayib y Almanzor visir. Pero ya el ansia de poder de Almanzor estaba desatada, por lo que controlada la administración civil, sus siguientes pasos fueron la religión y el ejército, el primer punto lo logró con la quema de todas las obras ajenas al Islam de la biblioteca de Córdoba. Para conseguir el apoyo militar se ganó la confianza del generalísimo Galib, participando con el en varias campañas y terminar casándose con la hija de este, Asma.

Gracias a una política demagógica y populista fue ganando apoyos en todos los ámbitos no solo de poder, sino también en la calle, hecho aprovechado para dar en el 978 un golpe de estado, expulsar a al-Mushafi y convertirse en hayib. Al año siguiente consiguió aparecer como abortador de un complot contra el príncipe, por lo que añadió un nuevo título, el de Salvador de la Dinastía y Protector del Califa. Con este título trasladó la administración a su residencia personal, la suntuosa Medina Alzahira, lugar donde dos años después terminaría recluyendo al propio monarca en una jaula de oro, tras cederle este todos sus poderes.

Los que se le opusieron, con su suegro a la cabeza, fueron derrotados en la batalla de Torre Vicente, eso si, tuvo el detalle de enviar a su esposa la cabeza cercenada de su difunto padre, el hombre que en el fondo era un sentimental, es en este momento cuando adopta el titulo de Al-Mansur.

Una vez "descabezada" la oposición, vinieron las purgas de dignatarios molestos, tanto en la administración como en el ejército, institución esta última donde aumentó la presencia de contingentes de mercenarios extranjeros, fieles solo a su persona, pero odiados por la población local, lo que impedía que pudieran traicionarle.

Quedaba abierto el camino que forjaría la leyenda del gran Caudillo de Al-Andalus, y de eso tratará la siguiente entrada.

jueves, 8 de abril de 2010

La Esquina Exacta

De regreso a casa en tren me encontré la revista que edita el Ayuntamiento de la localidad madrileña de Pinto, la típica revista publicada a mayor gloría del equipo de gobierno de turno, la misma que dice el que está en la oposición que va a suprimir pero que cuando llega el caso la refunda para adaptarla a su forma y medida. 

En fin, que empecé a hojearla con poco entusiasmo, eso si con la esperanza de encontrar algo interesante, tipo teatro, exposiciones, etc... algo de esto había, pero como era de suponer casi todo era propaganda, hasta que llegué a la última página que la dedican a la historia local, el artículo versaba sobre una leyenda local, en concreto la del arca escondida bajo la Esquina Exacta.

Se cuenta que en los tiempos en los que casi todo el solar hispano se llamaba Al Andalus, los gobernantes musulmanes llevaron acabo una serie de medidas de la península hallando el punto exacto que marcaría su centro geográfico, este punto estaba ubicado sobre la localidad de Pinto, más exactamente en el lugar conocido como la Esquina Exacta, actualmente confluencia de las calles Mª del Rosario y del Hospital, en dicho punto los andalusíes pusieron una piedra redonda marcada con un aspa bajo la cual habrían enterrado un arca con los instrumentos utilizados para la realización de la medida, algo parecido a lo que sería hoy en día una primera piedra de cualquier obra importante.

La piedra en cuestión estuvo en su lugar hasta los años 70 del siglo XX. Para dar más verosimilitud a la leyenda, en los planos más antiguos de Pinto aparece la calle del Arca, que iba desde la torre de Éboli hasta nuestra esquina protagonista de la entrada, incluso en la obra de Antonio Moya "Rasgo heroyco: declaración de las empresas, armas y blasones con que se ilustran y conocen los principales Reynos, Provincias, Ciudades y Villas de España" de 1756, se indica que el escudo de la villa esta "formado por campo ajedrezado en oro y gules (amarillo y rojo) y un globo terrestre con un punto en el centro...", y ello se explica por ser la localidad el Centro de España y su nombre, "Pinto", una derivación de "Punto".


La pérdida del nombre de la calle del Arca en 1935 y la, ya citada, retirada de la piedra, estuvieron a punto de sepultar la leyenda en el olvido, pero la erección de un monolito en 1986 en el lugar de la Exacta, la volvió a recuperar.

Actualmente el monolito está en su lugar y la leyenda recuperada, pero del famoso arca, no hay nada de nada, si existió de veras supongo que hace ya mucho tiempo que su contenido fue profanado.


Foto 1: Imagen en la que se aprecia la piedra original en la esquina
Foto 2: Monolito actual.
Fuente de información y fotos: Revista Pinto, Información y Ocio nº 153 de Abril de 2010, y la web www.soriaymas.com

jueves, 8 de octubre de 2009

Sevilla tomada por los Vikingos

El título puede parecer la crónica de un partido del Sevilla contra el Goteborg, por poner un ejemplo, pero se trata de un suceso mucho más antiguo que el fútbol y desgraciadamente mucho más trágico.

Aunque creo que es un tema conocido, hace tiempo que quiero dedicar una entrada al ataque vikingo a la Sevilla musulmana, por tanto y para no perdernos vamos a comenzar por el principio.

La primera noticia sobre los vikingos aparece en Europa tras el saqueo del monasterio de Lindisfarne en Inglaterra en el 793. A partir de aquí los hombres del norte empiezan a recorrer, saquear y conquistar amplias regiones de la Europa atlántica. Así en el siglo IX dominan amplias zonas de Inglaterra, Irlanda, Escocia y Francia, lugar este último donde un rey galo le regaló Normandía a un caudillo vikingo a fin de hacer de tapón del resto de sus congéneres.

Y así estaban las cosas cuando en agosto del 844 (229 de la Hégira) 54 velas aparecieron en el horizonte de la musulmana Lisboa. Se trataba de los piratas vikingos de los que los andalusíes solo habían oído historias a través de comerciantes y de los cristianos del norte, en el 840 Ordoño I ya les hizo frente en Galicia. Lo que hasta entonces solo se había tratado de cuentos se convertía de repente en una realidad.

El gobernador de Lisboa, Ibn Hazm, luchó contra ellos rechazándolos después de varios días. Apenas neutralizado el peligro Ibn Hazm escribió al Emir de Córdoba, Abderramán II, informándole de lo sucedido y advirtiendo de la próxima aparición de "las bestias del Norte".

Apenas catorce noches después de los sucesos de Lisboa, a finales de septiembre del 844, los vikingos se habían apoderado de Isla Menor en Cádiz y remontaban el Guadalquivir. Cuatro de estas naves se separaron hasta Coria del Río, donde dieron muerte a todos sus habitantes para evitar que se diera la voz de alarma.

Tres días después del desembarco, en Sevilla sus habitantes se aprestaban a la defensa por ellos mismos, ya que su gobernador había huido a Carmona abandonando la ciudad a su suerte.

La matanza y el saqueo duraron siete días. Cargados con el botín y con los prisioneros capturados para el mercado de esclavos marcharon hacia su campamento y refugio de Isla Menor. Poco tiempo después volvieron a aparecer por Sevilla no encontrando más población que unos cuantos viejos refugiados en una mezquita, mezquita que desde entonces se la conoció como la Mezquita de los Mártires, creo que no hace falta explicar el por qué.

Durante dos meses camparon a su antojo los hombres del norte, el tiempo que tardó Abderramán II en movilizar al ejército del Norte y plantarles cara. Las tropas musulmanas fueron coordinadas por el favorito del Emir Nasr, y entre sus generales se distinguió Ibn Rustum. Nasr planteó una emboscada para acabar de una vez por todas con los vikingos, para ello encargó a Ibn Rustum que acosara al enemigo y lo atrajera al paraje de Tablada. Cuando los normandos mordieron el anzuelo en la aldea de Tejada "el cielo se abatió sobre ellos", no pudieron sino que luchar por sus vidas contra hombres movidos por la venganza de la sangre de los suyos.

Aquella derrota supuso la más humillante de las que habían recibido los vikingos en toda Europa. Mientras algunos consiguieron huir hacia sus naves, los capturados fueron decapitados por orden de Ibn Rustum. Los supervivientes fueron posteriormente arrinconados y obligados a convertirse al Islam a cambio de respetar sus vidas. Fueron asentados en el valle del Guadalquivir donde se especializaron en la cría de ganado y en la fabricación de productos lácteos, llegando sus quesos a tener gran fama en aquellos tiempos.

En el 859 una nueva incursión vikinga llegó de nuevo a Sevilla, donde incendiaron la mezquita de Ibn 'Addabâs, actual iglesia de San Salvador. La respuesta del Emir de Córdoba fue dura, las costas de Al Andalus se poblaron de atalayas y fortalezas, además ordenó la construcción de una flota de guerra, capaz de hacer frente a aquella amenaza, que no duraría en utilizarla contra quien volviera a atacar Sevilla. Cuentan que juró arrasar sus bases y sus tierras del norte si osaban volver. Aquella advertencia parece que caló en los vikingos pues durante largos años no se documentaron más campañas de saqueo.

Mientras los cronistas árabes recogían los ecos de la victoria, la derrota quedó en el fondo de la saga nórdica de Ragnar.

Fuentes:
ABC de Sevilla del 16/06/2007.
Relato de Margarita Torres (Universidad de León) recogido en almogavar. multiply. com
Wikipedia