En el año 1085 Alfonso VI tomaba la ciudad de Toledo, este hecho sembró la preocupación y la alarma entre los reyes y magnates andalusíes. Toledo, la capital de la antigua monarquía visigoda era de nuevo cristiana, lo cual tenía una gran importancia simbólica. Sentarse en el trono toledano hacía recordar los tiempos pasados de la primera unidad peninsular, y podía legitimar a su inquilino a pretender el gobierno de todo el territorio hispano.
Los musulmanes tomaron la difícil decisión de llamar en su auxilio a unos guerreros nómadas bereberes del otro lado del estrecho, los almorávides. Estos eran unos integristas radicales del Islam, su jefe Yusuf Ibn Tasufín, fanático derviche, se vestía con pieles de oveja y se alimentaba de dátiles y leche de cabra, al estilo de los legendarios guerreros fundadores del Islam. La petición de ayuda que envió el monarca sevillano Al-Mutamid rezaba así:
“Él [Alfonso VI] ha venido pidiéndonos púlpitos, minaretes, mihrabs y mezquitas para levantar en ellas cruces y que sean regidos por sus monjes […] Dios os ha concedido un reino en premio a vuestra Guerra Santa y a la defensa de Sus derechos, por vuestra labor […] y ahora contáis con muchos soldados de Dios que, luchando, ganarán en vida el paraíso.”
Yusuf, cruzará cinco veces el estrecho, la primera derrotará a Alfonso VI en Sagrajas (1088), la segunda hará lo propio en el casillo de Aledo (1090) y su tercer viaje no fue para luchar contra los cristianos, sino para destituir a todos los reyes de taifas y proclamarse emir de Al-Andalus, y es que Yusuf se había encontrado con una tierra rica, con unos reyes divididos que habían relajado las costumbres del Islam y que además observaban gran tolerancia hacia judíos y cristianos, algo que le enfadó notablemente. Enseguida caen bajo su poder Málaga y Granada, viendo como se desarrollaban los acontecimientos Al-Mutamid pide a su hijo Al-Ma’mun, rey de Córdoba, que defienda a toda costa la ciudad, ya que si Córdoba caía la defensa de Sevilla iba a ser misión imposible.
Al-Ma’mun, dada la dispersión de los barrios cordobeses y la simpatía de sus moradores hacia los almorávides, no pudo cumplir con el encargo de su padre cayendo la ciudad en manos de los invasores el 26 de Marzo de 1091, las crónicas árabes describen así el final de Al-Ma’mun:
“intentó abrirse camino con su espada a través de los enemigos y de los traidores pero sucumbió al número. Se le cortó la cabeza, que la pusieron en la punta de una pica y pasearon en triunfo”.
Y es en este momento cuando entra en la historia nuestra protagonista de hoy, la princesa Zaida. Según unas fuentes, Zaida era hija de Al-Mutamin y la poetisa Rumaykiyya, y fue ofrecida en matrimonio a Alfonso VI a cambio de ayuda. Pero según las más recientes investigaciones Zaida no sería hija del rey sevillano, sino la esposa de su hijo Al-Ma’mun, el cual viendo la situación la puso a salvo mandándola al castillo de Almodóvar del Rio. Esta segunda hipótesis es la que se extrae del al-Bayan al-mugrib FiAhbar Muluk-al Andalus de Ibn Dari encontrado en la gran mezquita de Fez.
Dado que el reino de Sevilla era tributario de Alfonso VI, este envió un ejército de rescate al mando de Alvar Fáñez al castillo de Almodóvar. Este ejército fue derrotado pero pudo rescatar a la princesa que fue llevada a Toledo, ya que a Córdoba no podía volver y la corte de su suegro se dirigía al mismo destino que había tenido la de su esposo. Cuando llegó allí, el rey castellano quedó prendado de la joven. Además, la princesa no llegó con una mano delante y otra detrás, ya que con ella se incorporaron a la corona castellano-leonesa, previa conversión al cristianismo con el nombre de Isabel, las villas de Cuenca, Uclés, Amasatrigo, Alarcos y Ocaña, para unos en concepto de dote por la boda, para otros en concepto de pago para conseguir ayuda militar contra los almorávides.
Fruto de los amores entre el rey y Zaida entre 1093 y 1094 se produjo el nacimiento del infante Sancho Alfonsez. El rey, que tras cinco matrimonios y dos concubinatos, más una posible relación incestuosa con su hermana, pero esto ahora no viene al caso, no había tenido ningún hijo varón, inmediatamente lo declaró su directo descendiente y heredero de las coronas de León, Castilla, Galicia, Portugal y el resto de condados. Es en este punto donde más se oscurece el asunto de si la boda llegó a celebrarse o no, ya que las crónicas se contradicen entre si, en la De rebús Hispaniae, del arzobispo de Toledo Jiménez de Rada, se incluye a Zaida entre las esposas de Alfonso VI, pero en la Crónica najerense y el en Chronicon mundi se dice que Zaida fue concubina y no esposa. Si se produjo la boda hubo de ser casi con toda seguridad en este momento, y si no se produjo no sería de extrañar que los autores alterasen las crónicas a posteriori, ya que había que dar forma legal a la sucesión. Y para muestra de ello el fantasioso relato que nos deja el canónigo del siglo XII de la Real Colegiata de San Isidoro, Lucas de Tuy, el cual dice que trató a los que trataron a Zaida:
“… como aquella doncella,…, hija del rey de Sevilla, viendo los milagros que Nuestro Señor por su santo confesor –San Isidoro- tan magníficamente declaraba… renunciando a Mahoma y sus falsedades, deseaba venir de todo corazón a la gracia del santo bautismo. Y como su padre fuere algo inclinado a la fe cristiana, porque según se dice, San Isidoro se la había enseñado una noche que se le apareció por cierta visión, y aquella inclinación tenía secreta… acordó con el rey D. Alfonso enviándole grandes dones y riquezas y suplicándole afectuosamente que tuviese a bien enviar sus caballeros por la dicha doncella, y que la trajeran y pusieren a recaudo, pues tanto deseaba ser cristiana”.
Vamos que igual que hay políticos que hablan catalán en la intimidad, no sé por qué no iban a existir reyes andalusíes que fueran cristianos en el mismo ámbito privado.
Lo cierto es que con boda o sin ella Zaida gozó, no sé si del amor, pero sí de un gran aprecio por parte del rey. Su llegada a la corte supuso la entrada de nuevos aires de la sociedad musulmana, el arabista conquense González Palencia cuenta que la corte de Alfonso VI “casado con Zaida” parecía una corte musulmana:
“sabios y literatos muslimes andaban al lado del rey, la moneda se acuñaba en tipos semejantes a los árabes, los cristianos vestían a usanza mora y hasta los clérigos mozárabes de Toledo hablaban familiarmente el árabe y conocía muy poco el latín, a juzgar por las anotaciones marginales de sus breviarios”.
De la relación con el rey nacieron tres hijos, el ya citado Sancho, Elvira que se casaría con Rogelio II Rey de Sicilia y Sancha que sería la primera esposa de Rodrigo González de Lara, conde de Liébana.
Sin embargo, poco pudo disfrutar Zaida de su vida en la corte ya que murió cuando contaba alrededor de 30 años, se dice que de sobreparto. El rey quiso que sus restos descansaran en el panteón que había designado para sí, sus reinas e hijos en el Monasterio de San Benito de Sahagún. En la lápida de Zaida había una inscripción que rezaba:
“UNA LUCE PRIUS SEPTEMBRIS QUUM FORET IDUS SANCIA TRANSIVIT FERIA II HORA TERTIA ZAYDA REGINA DOLENS PEPERIT”
A este mismo panteón irían poco después los restos de su hijo, el infante Sancho, que moriría, sin alcanzar el trono, en la batalla de Uclés cuando contaba entre 12 o 13 años de edad, menuda ocurrencia la de mandar al crio a que viese la guerra cuando no era capaz de defenderse.
Este sepulcro se perdería durante un incendio en 1810, los restos del rey y de sus esposas fueron recogidos en la cámara abacial hasta 1821, año en el que los religiosos fueron expulsados del monasterio, siendo depositados por el abad en una caja colocada en el muro meridional de la capilla del Crucifijo. En este lugar estuvieron hasta 1835 cuando durante la desamortización fueron depositados en el archivo y de ahí se entregaron en depósito a una parienta de uno de los religiosos, llamada Manuela Sargado. Las urnas de jaspe que contuvieron los cuerpos se destinaron a usos más prosaicos como pilas y abrevaderos. Desde ese momento permanecieron ocultos hasta 1902 cuando Rodrigo Fernández Núñez, catedrático del Instituto de Zamora los redescubrió.
Actualmente los restos de Alfonso VI reposan en el Monasterio de las Benedictinas de Sahagún, y en un sepulcro cercano se encuentran los de sus esposas, entre ellos los que se atribuyen a Zaida.
Desde el 14 de Julio de 1950 la princesa Zaida cuenta con una calle en Madrid y desde el 16 de febrero de 1959 en Cuenca.
Fuentes:
Biblioteca Virtual del Instituto Cervantes
www.andalucia.cc
eldesvandemislibros.blogspot.com
wikipedia